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domingo, 14 de junio de 2015

Humedades

I.
Hay humedades en el sótano de los recuerdos,
enmoheciendo las ganas,
rancia ya la sonrisa.

Me tropiezo con la sombra de los abrazos fríos,
pieles gélidas de hojalata levantada
que desgarran la carne,
y el cobijo de esqueletos de huesudas alas.

¿Cómo no volar del nido marchito,
de la densidad del aire viciado
que surcaban aquellas miradas?

II.
Hay rayos de sol reptando por los cimientos,
como soldados de papel que haciendo maniobras
acortan las distancias.

Me tropiezo con una caricia hambrienta
en el refectorio de tu sonrisa,
fundiendo la carne apenas con un roce.

¿Cómo  no volar directa al aire fresco
de cada pestañeo de ese instante
que construye sobre humedades nuestro nido?

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